martes, 21 de julio de 2009

El ataque mediático al gobierno.

La institución mediática

El ataque mediático al Gobierno es multifacético. Los argumentos para desprestigiarlo son variados y caóticos, y muy poco o nada tienen que ver entre sí.
Los económicos no son novedosos. Al contrario, son los que el “establishment” ha enarbolado históricamente (como decía Arturo Jauretche, la oligarquía argentina es tan cipaya que fue incapaz de darse un nombre en español y se bautizó con el vocablo sajón “establishment”). Parecería ser que la única forma de atenuar los efectos de esta crisis es con más librecambio, liberando las exportaciones de materias primas y commodities, lo que generaría una masa de riqueza que de alguna forma que nadie explicita, sin ningún tipo de intervención estatal, en algún momento beneficiaría al resto de la sociedad no propietaria de dichas mercancías.
El problema del establishment es que he perdido dos de sus argumentos históricos, a saber: 1) La prolijidad fiscal, 2) el modelo de los “países serios”.
El Gobierno kirchnerista se la arrebatado a la derecha esta primer bandera. Con un superávit que ronda los 45000 millones de dólares y un crecimiento de 6 años consecutivos, los sectores liberales se han quedado sin uno de sus caballitos de batalla predilectos a la hora de atacar a los gobiernos populares/populistas desde el discurso económico ortodoxo.
El segundo caso es aún más evidente. Frente a la supuesta deformación de la economía que genera la planificación estatal, las maravillosas consecuencias que nos provee la liberalización económica y financiera explotaron y en ese proceso se llevaron a buena parte de los países desarrollados. Europa y EEUU nos ofrecen a diario ejemplos sobre lo beneficiosa que es la desregulación financiera para las sociedades occidentales. Bancos gigantescos que quiebran, desempleo masivo, recesión y caos social son algunas de las maravillas que nos otorgaría la economía neoliberal. Algo que los argentinos ya sabemos de sobra y que, se supone, no deberíamos querer experimentar nuevamente.
Sin embargo, a pesar de pruebas tan contundentes en su contra, la derecha insiste con sus argumentos. Claro que cuenta con un aliado importante: el poder mediático.
Aclaro, no creo que los medios sean todopoderosos ni que el pueblo sea estúpido. Parafraseando a Stuart Hall “creer que la gente consume medios porque es idiota es muy poco socialista”. Y muy poco nacional/popular, podríamos agregar nosotros.
Sin embargo, en una sociedad en que la mayoría de las instituciones que producían, orientaban, condicionaban o contenían subjetividades se hallan en una crisis evidente, la única institución que quedó en pie cuenta con una ventaja enorme a la hora de moldear conciencias. Seamos claros: cuando la escuela fue la institución dominante, moldeó conciencias. Cuando lo fue el ejército, moldeó conciencias. Cuando lo fueron las unidades básicas, moldearon conciencias. La iglesia moldeó conciencias. La familia moldeó conciencias. Cuando el resto de las instituciones caen y la institución mediática se fortalece sería difícil que no moldeara conciencias. La gente no es idiota por consumir medios, como no fue idiota por ir a la escuela, por escuchar a su familia, por ir a la iglesia o por ingresa al ejército.
Sin embargo hay una diferencia fundamental. Los medios, al mismo tiempo que producen ideología producen valor. Venden la mercancía-ideología. Es decir que obtienen ganancias por difundir discursos. Por lo tanto sus dueños, por lo general, tienden a producir la ideología que les convenga. Tanto a ellos como a sus anunciantes, que son los que aportan el combustible a la maquinaria.
El gobierno no es socialista, comunista ni estatista. Está claro (solamente un energúmeno como Mariano Grondona puede sostener que el kirchnerismo es “anticapitalista”). Pero no se puede analizar al gobierno sin analizar lo que hay enfrente. Y basta que el Gobierno intente realizar un movimiento económico, social o político en contra del establishment y su ideología para que los medios lo ataquen. Así son los dueños de los medios de incomunicación, de las empresas que publicitan en ellos y que los mantienen vivos y del capital concentrado. Un mínimo giro que podría llegar a perjudicarlos y lanzan sus maquinaria discursivo-ideológica contra el Gobierno Nacional.
No está mal, es lógico. Ninguna clase social se suicida. También es lógico que quieran vender su verdad como “la verdad”. Y es lógico que quienes la compartan la defiendan. Pero no seamos tan ingenuos como para no advertir la maniobra grosera que hay detrás del ataque mediático al kirchnerismo. Y no compremos su verdad como la verdad, cuando no es más que eso, la verdad del poder mediático-económico.
El ataque es múltiple. A sus facetas económicas, políticas (el supuesto autoritarismo, la falta de republicanismo, el papel de D´elía, etc.) y sociales (la gente que va a los actos es llevada, cada vez hay más pobreza, se agrandó la brecha entre ricos y pobres) ahora se suma la farandulera. Si el ama de casa no lee el diario y no ve los noticieros, se enterará por intrusos (el programa más visto del canal de De Narváez) que el gobierno es malo y debe venir otro mejor.
Claro que las opciones posibles son Carrió, Macri, Cobos, Binner y demás gobernantes “populares”. Ahí, seguramente callarán las críticas y la inseguridad (tanto la física como la jurídica), la "falta de seriedad" o la "falta de diálogo" serán menores o desaparecerán de la agenda. Y se felicitará al cipayo de turno que retire las retenciones por haber ayudado a “pacificar al país”.
Scalabrini Ortiz dijo alguna vez que Perón tenía muchísimos errores y si hubiese que elegir entre él y el arcángel Gabriel, sin dudas lo votaría al arcángel. Pero como la opción era Perón o Pinedo, sin dudas lo votaba a Perón. Parafraseándolo, como la opción es Cristina o Carrió, Macri, Pinedo (nieto) o Binner, sin dudas, estoy con Cristina.

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