domingo, 26 de julio de 2009

Mirtha Legrand: el gorilismo basado en el sentido común.


Supongo que todos conocemos una señora entrada en años semi fascistoide. El axioma de Churchill según el cual no ser de izquierda a los 20 años es no tener corazón y no ser de derecha a los 40 no tener cerebro puede constatarse con bastante frecuencia. Digamos que a los 80 años (los que llegan), probablemente sean “de derecha”.
Si pensamos en esa anciana que conocemos, seguramente veamos que sus opiniones suelen ser infundadas, determinadas por el sentido común construido mediáticamente (EJ: Chávez ganó prácticamente todos los referendos y elecciones a las que se presentó, pero es un dictador) y que su consumo cultural más ambicioso es el Clarín del domingo.
Suele ser hasta gracioso escucharlas opinar, ya que antes de que emitan su voto se sabe lo que van a decir: pena de muerte, el que no trabaja es porque no quiere, este o aquél tienen “pinta” de chorro, pobres hubo siempre, etc. Metidas a opinar sobre la actualidad política, la posibilidad de prever sus juicios no es menor: el gobierno provocó una pelea entre los argentinos, el gobierno ataca al campo infundadamente, Moreno es poco menos que López Rega, las organizaciones son llevadas a los actos, Argentina está aislada del mundo, etc. Uno está tan acostumbrado a cruzarse con este tipo de señoras, que difícilmente entable una discusión seria con alguna cuando las ve en una reunión social, cumpleaños, asado, casamiento y demás.
Son personajes que habitan la sociedad argentina. Como el machista, el misógino, el mitómano, el tío soltero, el apolítico, el fanático, la feminista, el cheto, el flogger y el emo. Personajes a veces inofensivos, que hasta pueden ser simpáticos. Pero uno sabe que esa simpatía se debe a que sus opiniones no viajan muy lejos. Quedan ahí, en el asado, en el cumpleaños o en el casamiento. Por eso se las puede recordar con cierta gracia. “¿Te acordás esa vieja que estaba en aquel cumpleaños? ¡Qué gorila que era!”. Y nos reímos rememorando el nivel de fascismo delirante de la señora en cuestión.
¿Pero qué pasa cuando una de esas señoras tiene un programa de televisión? ¿Hasta qué punto es inofensiva cuando sus opiniones basadas en el sentido común llegan a todo el país? ¿Qué ocurre cuando su mediocre y unilateral construcción de la realidad se inserta en un dispositivo masivo?. Por otro lado, ¿a quién beneficia que esa señora fascistoide se mantenga en el aire hace 40 años? ¿A qué público se dirige la señora? ¿Qué responsabilidad hay en una anciana que hace una intervención política clara en el canal de uno de los principales referentes de la oposición escondiéndose detrás de la “objetividad” y “los intereses del país”?. Todas preguntas que surgen al mirar los aburridísimos almuerzos de la señora Mirtha Legrand.
Desde el comienzo, hay que sospechar de un programa que se dice objetivo cuando los invitados son casi en su totalidad referentes de la oposición. Mucho más cuando los pocos defensores del gobierno nacional que van siempre deben compartir la mesa con algún opositor, mientras la regla son los almuerzos con la totalidad de asistentes antikirchneristas. Por otro lado, cuesta creer que alguien piense que algún programa de América (parte de cuyo paquete accionario pertenece a de Narváez) con intencionalidad política es independiente.
En su programa, la señora se despacha con reflexiones del tipo de: “no me importa nada lo que pasa en Honduras”, “yo defiendo los intereses del país”, “este gobierno tiene una actitud de odio hacia el campo”, “Perón fue Nazi”, “han dividido a los argentinos”, “el país no puede vivir sin el campo”, etc. Como se ve, los lugares comunes de la autóctona anciana reaccionaria.
Y aquí surge una cuestión sobre la que vale la pena reflexionar: ¿Por qué Mirtha Legrand es una opinión legítima a la hora de opinar políticamente? El discurso mediático la ensalza como una “gran periodista” que “cada día pregunta mejor” y en una discusión política no es raro que alguien recurra a la señora como autoridad teórica en que basa su argumento.
Esto me dispara otras dudas: ¿cuál es el grado de degradación cultural que atraviesan ciertos sectores medios argentinos? ¿Qué ocurre para que se pase a legitimar el gorilismo desde Martínez Estrada o Cortázar a legitimarlo desde Mirtha Legrand? ¿Por qué la opinión de una mujer culturalmente nula es tan respetada? ¿la fama de “gran periodista” de Legrand se debe a que no se pueden buscar opiniones políticas por fuera del dispositivo mediático y por lo tanto hay que cubrir determinados espacios con lo que el mismo ofrece?. Si la anciana reaccionaria siempre estuvo con el gobierno de turno, ¿por qué ahora es opositora? ¿su transformación no tiene nada que ver con el canal en el que trabaja?.
Vuelvo a repetir, todos conocemos una vieja fascista. Como todos conocemos un machista, un violento, un eugenista, una feminista radical, un anti-político y un estafador. No sería deseable que ninguno de estos personajes tenga un programa de televisión. La vieja fascista no es excepción.

2 comentarios:

  1. Hoy andaba buscando como expresar, cada palabras debiera utilizar para describir a Mirta, y tambien buscaba las razon por la cual yo queria intentar traducir y gritar quien era Mirta. Amigo me hiceste la gauchada! Humildemente voy a enviar tu link a algunos conocidos casi como si fuera mio.
    La verdad sos un pibe mas joven que yo, y da gusto cruzarse con pibes que tengas las ganas de analizar los mensajes enviados desde los medios

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  2. Muy bueno, totalmente de acuerdo loco. Es una vieja chota y no deberia tener espacio, pero sabemos todos que no es asi de facil, el camino no esta en sensurar sino en construir capacidad de dicernimiento en la gente y apoyar medidas como la ley de medios que va a hacer mierda el imperio de clarin y la concentraqcion del cuarto poder. Los kirchner estan ahora y pueden no estar despues, pero estos estan desde siempre y es necessario que caigan.

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